Tres en uno

Sergio Gallego

El Club Gastronómico El Galeón abre sus puertas en La Manga con Sergio De Gea, Pepe López y Raúl Sánchez al mando de una cocina con pretensiones de hacerse un hueco en la escasa oferta gastronómica de cocina de autor.

La experiencia en El Galeón viene marcada por la ubicación, primera línea de playa, y estructura, un chalet con piscina, del propio restaurante. Un entorno que, sin duda, es uno de los valores añadidos de esta nueva propuesta gastronómica que no queda muy claro que permanezca después del 15 de septiembre.

El otro valor añadido es el hecho de que se hayan juntado tres cocineros, Sergio De Gea, Pepe López y Raúl Sanchez, para llevar a cabo diferentes menús (Miércoles y domingos, sushi).

Este triunvirato culinario, junto con Sandra Galiana al mando de los vinos, ha dado lugar a una oferta única a lo largo y ancho de los 21 km que mide La Manga, aunque en el conjunto global encuentro algunas carencias propias de las prisas o de quién utiliza esta apertura como trampolín hacia un proyecto más serio.

Como por ejemplo, una evidente falta de producto (solo una gamba, un berberecho y una navaja minúscula entre todo el menú), lo que hace que encuentre el menú un poco alto de precio, o algunos platos recargados o sobredimensionados, como un delicioso caldero del Mar Menor con lomos de bonito y una buena cantidad de plancton innecesario, a mi parecer.

Aceitunas gordales rellenas y una diminuta sandía osmotizada con un berberecho por bandera a los que le faltan frío inician el menú del Club Gastronómico (65 euros). Un niguiri de bacalao negro, un buñuelo con ventresca de atún al que le sobra un alioli de codium que cubre el bocado y la croqueta invertida de gamba roja que De Gea lleva trabajando durante años para perfeccionar, adentran al comensal en materia. La croqueta invertida es un gran concepto y, aunque el efecto no está totalmente conseguido, el sabor es delicioso.

 

Club gastronómico El Galeón. La Manga (Murcia)
  Precio:  65 euros el menú degustación. 50 el maridaje.

  Dirección: Polígono Isla Ciervo Sur

 

Flojo encuentro el plato de navaja, más por falta de producto que por la combinación de sabores de coco, apio (otra vez osmotizado) y siso que resultan agradables. Un caldero con alioli de plancton y bonito que, como digo más arriba, resulta innecesariamente recargado; puesto que el arroz es una delicia salina que combina a la perfección por las mollas de bonito presentadas casi crudas.

Un buen rabo de toro ahumado entre un sutil pan bao con un pobre langostino que ni está presente en el bocado, ni se le espera por mucho que estrujemos los jugos de la cabeza en el propio bocadillo para potenciar el sabor a mar.

Al lingote de cochinillo lo acompaña una insípida parmentier de patata violeta en crema, una demiglas de sus jugos muy salada y un sencillo y colorido boniato que se hace fuerte junto al cochinillo. Eso sí: la carne muy rica; con piel crujiente y ciertamente jugosa.

Pero los tres platos que destacan de este menú degustación son el hígado de rape con esfera de escabeche y un crujiente que nivela a la perfección el conjunto; un cebiche de leche con lulo (un fruto ácido) que se queda muy corto en cantidad de lo rico que lo encuentro; y un ssäm  de panceta laqueada totalmente adictiva, que está a la altura de lo que estos tres cocineros pueden dar de sí a poco que se tomen el tiempo que necesitan para dar por terminado un plato antes de meterlo en carta.

El prepostre promete limpiar la boca con un melón (también osmotizado), pero una teja de caramelo hace imposible que cumpla esta misión. Contundente el chocolate en varias texturas con, quizás, demasiada presencia de brownie. Buen servicio de vinos, donde los jereces cumplen una función fundamental en el maridaje, hecho que valoro, a pesar de un Moscato Dasty fácilmente reemplazable por un champán. La amabilidad, la cercanía y el cariño mostrado del equipo en todo momento, a la altura de las vistas del atardecer del Mar Menor.

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