¡No me jodas!

elincendiarioinocente

Hoy me ha vuelto a pasar. Un camarero me ha preguntado si iba a comer de menú o de carta antes si quiera de quitarme los 40 grados que emanaban de mi espalda al entrar al restaurante. ¿De verdad tengo que decidir qué coño voy a comer antes de ni siquiera sentarme o de ver qué me vas a ofrecer para comer de menú o de carta? Me parece increíble. A mí solo me ha salido del cuerpo: “¿en serio?”, mientras abría los ojos un palmo. La camarera, muy profesional ella, ha sonreído y me ha dejado en un lado como uno de esos clientes pijoteros que dan más problemas que propinas mientras se ha dirigido a la cocina al paso rápido de quien no tiene tiempo de tonterías. Correcto.


Una vez sentado, segunda parte del espectáculo. Cuando nos toma la comanda (éramos seis), hemos tenido que decir en primer lugar cuántos íbamos a comer menú exprés y cuántos menú normal, para acto seguido, elegir de corrido hasta el postre! Hombre, por favor, ¿cómo se supone que voy a saber lo que me va a apetecer de postre si no sé si me voy a quedar con hambre o no, o si, por ponerme más serio, me va a caber algo graso y contundente, algo dulce y empalagoso, o una triste pieza de fruta? Entiendo que en los restaurantes chinos afincados en Murcia se pidan todos los platos a la vez porque no se distinguen los sabores unos de otros, incluso que se pidan los primeros y los segundos de reputados restaurantes murcianos, aún a riesgo de equivocarnos en la elección, pero exigir pedir el postre antes de darle un trago a mi primera cerveza sobrepasa mi paciencia. Pido que, por lo menos, me apunten a los ojos con un flexo de luz blanca punzante y que me esposen las manos a la espalda. Qué menos.

Pero por increíble que esto parezca, todavía puede ser peor: la pasada semana me hicieron la misma pregunta cuando estaba realizando una reserva ¡por teléfono! “¿Va a comer usted de menú o de carta?”, me dijo con todo su descaro. Venga hombre, ¡no me jodas!