7 diferencias entre el pescado de piscifactoría y el salvaje

Minerva Piñero.
Ya seas de los que prefiere consumir el pescado de acuicultura o el que ha sido capturado directamente en el mar, estas son las 7 diferencias que deberías tener en cuenta.

El consumo de pescado de piscifactorías o granjas, cada vez más presente en las pescaderías y supermercados, se ha convertido en una fuerte demanda por parte de los clientes por su económico precio. Tanto es así, que ha alcanzado más del 50% del pescado que se vende a nivel mundial, pero, ¿sabemos exactamente en qué se diferencia del pescado salvaje? Si la respuesta es negativa y te gustaría saber qué es exactamente lo que comes, no dudes en consultar las 8 diferencias que te presentamos.
Piscifactoría

  1. Los pescados que han crecido de la mano de la acuicultura presentan más grasas que los peces salvajes. Además, la proporción de grasas insaturadas (las mejores para nuestra salud) es menor en los de piscifactoría, por lo que no nos proporcionan la misma cantidad de beneficios nutricionales que el pescado salvaje.
  2. Atención en los niveles de contaminación. Algunos estudios explican que los que nacen y se mantienen libres en alta mar se encuentran más contaminados al estar menos controlados sanitariamente.
  3. Entre los controles nutricionales y sanitarios, los piensos que utilizan en la acuicultura son medidos tanto en las cantidades de grasas como de proteínas. No solo se establecen este tipo de controles en la piscifactoría, sino que también a los pescados que son cultivados les suministran antibióticos para huir de las enfermedades y plagas, un proceso que no experimenta el pescado salvaje, por lo que se encuentra más expuesto a cualquier tipo de enfermedad.
  4. El precio del pescado de granjas es más barato. Como la producción en la acuicultura es mayor, su precio decrece, al contrario que aquellas especies que son capturadas en el mar, las cuales necesitan un gran esfuerzo por parte de los pescadores para conseguir la cantidad de pescado que necesitan.
  5. El ciclo biológico. Mientras que en el salvaje este ciclo se mantiene de forma natural, en los de piscifactoría se controlan más los periodos de reproducción y su entorno.
  6. Adiós al anisakis. En los que son cultivados, el riesgo de encontrarlo es nulo.
  7. Pero en cuanto a sabor se refiere… ¿cuál nos gusta más? Si lo que buscas es una buena textura y pescado más sabroso, el salvaje la respuesta.

Aunque la mayoría de las especies se hayan adaptado a las condiciones de las granjas y piscifactoría, lo cierto es que hay otras que aún se resisten o que encuentran más dificultades para aclimatarse a su cultivo, como es el caso de la merluza. Lejos de deberse al espacio, la explicación descansa en la profundidad del agua y, por ello, aquellas especies que viven en aguas muy profundas no se encuentran muy cómodas en esta forma de crianza.

Eso sí, ya prefieras un tipo de pescado u otro, ambos debes diferenciarlos de los que llevan la etiqueta de cultivo ecológico, es decir, de las producciones sostenibles. Los pescados de acuicultura que la poseen, aparte de ser más caros, han sido criados a base de piensos con harinas de pescado y vegetales en un entorno más sostenible, una versión de la piscifactoría menos nociva para el medio ambiente que la habitual.